Seguramente suene a tópico, incluso un poco cursi, pero recuerdo que en algún momento de mi adolescencia anhelaba más que cualquier otra cosa crecer y ser adulta para poder rebelarme, salir a conciertos, trasnochar con amig@s e incluso poder maquillar mis ojos con un toque de rimmel. Me encantaba pasar tiempo diseñando el que sería mi primer tatuaje e investigaba con mucho interés los peligros y contraindicaciones que podrían derivar de ese piercing en el ombligo que tanto me gustaba. Ya ves tú, ¡menudo riesgo!. Ahora el piercing en el ombligo ha quedado totalmente obsoleto. Hoy día ya se llevan en las encías, las clavículas, las uñas e incluso los genitales…
¿Qué estoy a favor de todo lo que sea evolucionar? Sin duda alguna. Pero intento huir de la falta de límites, de la transgresión extrema o de las modas absurdas. A diario oímos que en el término medio está la virtud y las líneas que aquí redacto me hacen postularme tajantemente a favor de esta afirmación. Casi todo en exceso es malo. Incluso tener un hielo en tu mano demasiado tiempo podría quemarte…
No tengo reparo en admitir que cuando era adolescente, mi lista de deseos distaba mucho de las “ambiciones” de los jóvenes hoy día.
Me encanta la moda, me apasiona que es más. Como mujer presumida os recuerdo que un par de zapatos puede cambiar tu vida, si no, preguntemos a Cenicienta ;-). Admito que formo parte de ese grupo de chicas que siempre tiene el armario lleno de nada que ponerse. No obstante, hace tiempo entendí que por encima de la moda y la belleza priman los valores y la personalidad.
Se puede ser extremadamente guap@ y atractiv@, pero si el mundo fuera ciego, ¿a cuántas personas seríamos capaces de impresionar?. Se trata de ser consciente de que la personalidad es el mejor accesorio que podemos llevar.
Que la moda evoluciona junto a la sociedad y cambia constantemente es una realidad que no podemos negar. Y lo que aún es más real pero no menos sorprendente es que las nuevas generaciones están a la moda en TODO. Parece que últimamente el “todo vale” se ha impuesto como “must” de esta sociedad. Cuanto más arriesgues, cuanto más mezcles, cuanto más rara o absurda sea la nueva moda, más “guay” eres tú. En mi opinión, no siempre la originalidad es lo más indicado.
He de admitir que este año, más que nunca y muy a mi pesar, siento que me hago mayor. Ya lo he dicho, a mi SIEMPRE me ha encantado la moda y este SIEMPRE se extiende hasta el día dehoy. Sin embargo, al parecer, yo sí que supe interiorizar aquello que mi madre intentó enseñarme: PERSONALIDAD. “Si Fulanito se tira por un puente, ¿tú también?”. Pues yo decidí que no. Descarté la idea del puente y aquí estoy, observando perpleja las modas que siguen mis alumn@s. Y cuando digo perpleja no exagero. Porque las descubro desde mi posición de profesora/amiga relativamente joven, de mente abierta , y aún así, no dejo de sorprenderme.
Cada nueva tendencia que descubro me deja literalmente en estado de “shock”. Lo mismo acuñan el término inglés “selfie” y lo practican casi a diario (aún no sabiendo conjugar el verbo “TO BE”), que se apuntan a la moda del “cosplay” (lo que viene siendo un disfraz de toda la vida para los anticuados como yo). A ver, a mi la idea de hacer un “musicali” también me parece original y divertida, lo admito; Que la gargantilla más famosa de los años 90 vuelva al cuello de todas las adolescentes rebautizada como “choker” para combinarse con los vaqueros rasgados, o más concretamente, con los rasgados de un trocito de vaquero, con los nuevos “crop-tops”, las “bandanas” hoy (pañuelos alrededor del cuello o de la cabeza hace no muchos años) y con los pintalabios mates (a mi modo de ver poco favorecedores) también me parece lógico. Incluso la evolución de las mechas corrientes a las “balayage” pasando antes claro está por las californianas; De los cigarrillos mentolados, de vainilla o chocolate a los de color rosa…Todo esto son modas inocuas y hemos de admitir que tod@s nosotr@, en algún momento de nuestra vida nos hemos apuntado a alguna seguro.

Ahora bien, que el fin de curso de 2017 pasará a la historia como el año en el que todos los docentes tratábamos de dar clase mientras los alumn@s daban vueltas y vueltas a su “spinner” ya es una realidad. Y claro, si el experto de turno te dice que el juguetito se ha diseñado para calmar la ansiedad de los niños hiperactivos, ¡no voy a ser yo la insensata e insensible que lo prohíba!. Aunque desde luego, el problema es grave, pues desconocía que el 100% del alumnado en mi centro tuviera problemas de ansiedad.
Por otro lado, ¿Qué opinan del “Bottle Flip Challenge”?. Sí, ese entretenimiento que tienecomo protagonista una simple botella de agua medio llena que hay que lanzar al aire con la única misión de que aterrice de pie. ¿Les parece interesante?. A mí, como mínimo absurdo. Y desde luego, sustituir la mítica serie “Sensación de Vivir” por un “13 Reasons Why”,alarmantemente triste. ¿Qué adolescente no está enganchada a las 13 razones por las que suicidarse?. Una serie a mi modo de ver poco constructiva y demasiado macabra pero que sin embargo, ahí está, gozando de una popularidad casi sin precedentes.
No olvidemos ese extraño baile llamado “dab-dance” que como si de un virus se tratara, se está expandiendo traspasando fronteras y llegando a todos los confines del mundo. Lo llamativo es que no se baila en discoteca ni al ritmo de la música, nada que ver. Basta con sentirte importante o victorioso para marcarte esta simple coreografía alargando un brazo, pegando el otro hacia el pecho y bajando la cabeza. No ha sido sólo un alumn@ el que me ha deleitado con este gesto tras entregarle un examen corregido. Pero no es la coreografía la que me sorprende (que también), sino que me preocupa que una calificación de 0 pueda ser motivo de celebración.
A menudo siento que los jóvenes de hoy controlan un lenguaje que yo prácticamente desconozco ( y no olviden que me apasionan los idiomas y que siempre he abogado por dominar los máximos posibles). Pero el problema surge cuando por estar a la moda se pierde el control. Es obvio que la búsqueda de la propia identidad constituye una de las principales tareas de todo adolescente. Pero para ell@s, ese proceso de búsqueda y de experimentación con las cosas que están de moda se ha complicado, puesto que en ninguna época anterior habían tenido a su alcance tantas opciones y estímulos.
Hay infinidad de posibilidades en cuanto a maneras de vestir, de expresarse, de protestar…y la moda interviene en todas ellas. Ante este panorama la situación se complica, pues cuantas más opciones, más confusión. Cuando la moda se centra en una cabellera más o menos larga y de un determinado color o en un vestuario que raya lo ridículo, no hay mucho de qué preocuparse, pues tarde o temprano, “las aguas volverán a su cauce”. El problema estriba en las conductas que estos jóvenes desarrollan para estar a la moda, abnegando a menudo su propia personalidad para poder sentirse aceptados socialmente.
Obviamente llega el día en que el niñ@ se da cuenta de que todos los adultos son imperfectos, ese es el día en el que este niñ@ se convierte en adolescente. Entonces, tal vez sea hora de “echarles un cable”. De entender que en la educación de la juventud es fundamental evitar dos excesos: demasiada severidad y demasiada dulzura. Quizás sea una cuestión de ejercer como corresponde, como padres, orientando a los hij@s y centrándonos en la búsqueda de un diálogo a tiempo para avanzar, en lugar de que pasado ese tiempo, sea demasiado tarde y la única opción que quede sea la de discutir y retroceder.
Y los adultos, ¿podemos hacer algo ante esta situación o nos acomodamos, aceptamos y asumimos que no hay otra alternativa posible que no sea la de permitir todas y cada una de estas modas por muy absurdas e improductivas que nos parezcan?.
En realidad creo que nuestro principal objetivo ha de centrarse en transmitir a los chic@s la idea de que “jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino, pues lo que a menudo nos impide aprender son aquellas cosas que pensamos que conocemos”. Una vez entendido esto, los adolescentes no sólo podrán decidir libremente formar parte de una moda, sino que su crecimiento personal les permitirá incluso ser capaces de crearla.
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