Hoy, 13 de Abril y 7 años después de que nos dejaras, siento la necesidad de hablar contigo, de contarte cosas, de explicarte cómo ha cambiado mi vida (aún teniendo la convicción de que alguno de esos cambios te entristecerán demasiado), de decirte lo que te echo de menos, incluso confesarte, aunque me duela, que en algún momento pensé que me habías abandonado, que no te acordabas de mí… Siempre fuiste alguien fundamental en mi vida, sé que eras consciente de ello pues yo me encargué de hacértelo saber cada día. Yo lo necesitaba, pero creo que a ti tampoco te desagradaba que lo hiciera, pues la sonrisa que cada uno de mis “te quieros” y mi incesable repertorio de besos guardados para ti dibujaba en tu cara, junto con el brillo que desprendían tus ojos te delataban. Pero, ¡qué caprichoso el destino, te apartó de mí justo cuando más falta me ibas a hacer!. Ni te imaginas lo que te he pensado, rezado, hablado y extrañado…

Porque formas parte de ese pensamiento con el que cualquier persona con suerte e infancia puede exhalar un suspiro. Porque he tenido la suerte de tenerte, de disfrutar de ti, de tus abrazos, de tus consejos, de tus caricias. De tus “20 duros” para mi bollycao y chuches de cada tarde, de los churros que me traías los martes de mercado al patio del colegio, de tu tiempo en la consola de casa practicando el “pino” una y otra vez contigo como mi “seguro de vida”, de los días en los que te salías conmigo a la calle a cronometrarme mientras yo corría para ver si lograba mejorar mi último tiempo…Y es que a veces, has sido incluso más padre que mis propios padres. Extraño tu llamada después de cualquier acontecimiento que para mí sea importante. Siempre sabiendo estar a la altura de las circunstancias. En ocasiones teniendo que buscar palabras de aliento para calmar mis sollozos, y en otras, alabando y ensalzando ese logro mío. Sé que siempre estuviste muy orgulloso de mí, de tu nieta, que era la mejor en inglés y la más guapa y cariñosa del mundo ante tus ojos. Aunque tampoco dudo que a día de hoy, el pódium de tu corazón estaría bien repartido entre todos los demás nietos. Las nenas están guapísimas abuelo, son unas bellezas y ya están hechas unas mujeres (he de admitir, que de tus rubias, ahora yo soy la más fea). Rosa, luchadora incansable y seguro que futura doctora de renombre. Constan, cosechando títulos en el ping pong y ya licenciada en Educación Física.

Tu Pedro, por su parte (incondicional sufridor de nuestro atleti), aún no ha sentado la cabeza abuelo, sé que ya le toca, pero ya sabes, él tiene una forma particular de entender la vida. No obstante es un odontólogo muy responsable y comprometido con su trabajo. Y yo sigo en la enseñanza, aprendiendo a la vez que en vano creyendo que puedo cambiar el mundo. ¿Y sabes qué abuelo? Te encantaría ver lo que soy capaz de hacer en el baile y lo que como amazona he logrado…Extraño el volver al pueblo por vacaciones y no subir corriendo a achucharte y besarte a la terraza, al cuarto de tus palomas, entre su arrullo y zureo, ese que tanto me recuerda a tí…Extraño poner mi cabeza en tus rodillas para jugar a la “truquitruquipan”, extraño jugar contigo a poner los ojos bizcos y disfrutar oyéndote reír a carcajadas.

Jugar con tus orejas, esas que parecían de plastilina… Eras especial. No sólo ABUELO en mayúsculas, sino me consta que también padre y amigo excepcional y admirado colombicultor. Eras tú. Y como tú no hay dos, ni tres, ni cincuenta. No entras dentro de la definición de “abuelo” de la RAE. Me niego a que entres en cualquier categoría o definición en la que otros puedan compartir espacio contigo. Porque tú eras tú: único, inmejorable e irrepetible.Y no hay palabras. No existen. No puedo encontrar ni los sustantivos ni los adjetivos que puedan llegar a describir lo que has significado para mí. Daría lo que fuera por poder tenerte un ratito más a mi lado, por eso te emplazo a esta noche, junto a mi almohada, para en privado, contarte todo aquello que deseo que sepas. Además, hoy juega nuestro atleti, si te apetece, también puedes venir a cenar y verlo conmigo, me encantaría… Como no estará la abuela, no te preocupes, yo te pelo la naranja y te prometo una buena milhoja de merengue de postre.

TE QUIERO ABUELO.

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COMENTARIO DESTACADO.

Imagino que pueda sorprenderte que después de un año desde que publicaras el artículo que dedicas a tu abuelo, tome esta iniciativa y lo comente ahora a través de tu blog. Pero como tú ya sabes, hoy se cumplen ocho años de su fallecimiento, y después de que hayamos pasado juntos todo este tiempo, soy perfectamente consciente de la importancia que en tu vida tenía y sigue teniendo tu abuelo Juan “Rubio”. 

Cada vez que tienes oportunidad, me hablas de él con una increíble ternura y profunda nostalgia que me emocionan y me hacen lamentar profundamente no haber podido conocerlo, y el no haber podido conversar con él aunque solo sea durante unos minutos y compartir así, una parte de tu vida tan sensible e importante. Pero en cierta manera, me hace sentir bien pensar que en algunos de mis paseos que de pequeño solía hacer por Albox, me lo pude cruzar, incluso le pude sonreír mirándole a los ojos y porqué no, que él hubiera podido responder a la sonrisa de ese niño con un gesto simpático.

Pero por las razones que sean, nuestros caminos se cruzaron en el momento que lo hicieron y por todo ello, he sentido la necesidad de escribirte estas palabras. Y aunque soy consciente que es tarea difícil, voy a intentar estar a tu altura y expresar mis sentimientos y pensamientos de la misma forma que tú has sabido plasmarlos en el bello artículo que dedicas a tu abuelo. 

En tu artículo escribes…

 “siento la necesidad de hablar contigo, de contarte cosas, de explicarte cómo ha cambiado mi vida (aun teniendo la convicción de que alguno de esos cambios te entristecerán demasiado), de decirte lo que te echo de menos, incluso confesarte, aunque me duela, que en algún momento pensé que me habías abandonado, que no te acordabas de mí…”

Estoy seguro que su halo y su esencia permanecen a tu lado, y él sigue estando presente en cada decisión que tomas y en cada paso que das, porque sin duda, él forma parte de tu pensamiento y de tu forma de ser. Estoy totalmente convencido que tu abuelo nunca ha estado más orgulloso de ti de lo que ahora está, al comprobar la gran persona y mejor mujer en la que se ha convertido su “gacela rubia”. 

Todos nos equivocamos en algún momento de nuestras vidas ¿quién no tiene contradicciones? Es posible que tú también hayas errado pero en mi opinión, la grandeza reside en que después de equivocarnos, sepamos levantarnos y aprendamos de ello para seguir creciendo. Ese es el verdadero sentido en el camino de la vida. Y tú no sólo lo has logrado sino que lo has hecho de una forma admirable.

Mientras te leía, me has hecho reflexionar sobre lo duro que puede llegar a ser perder a una persona tan querida y necesaria en nuestras vidas. Pero al mismo tiempo, me ha reconfortado y satisfecho ver como en tu pensamiento mantienes intactos y plenos de amor esos maravillosos y agradables recuerdos. Algo entrañable y admirable que dice mucho de la calidad humana que atesoras.

Hace casi tres años que murió mi padre. No puedes imaginar lo que daría para que él te hubiera conocido. Como ya sabes, mi padre nació en Albox y entre muchas otras cosas, también me enseñó el mundo de los pájaros, me solía comprar churros y tampoco soportaba los resaltos reductores de velocidad de las calles… Demasiadas coincidencias para pensar que son fruto del azar. Y pienso que es por todo ello que desde el primer día que te conocí, siento una conexión muy especial contigo y de alguna forma, estoy tan unido a ti y a esos recuerdos que mantienes vivos en tu mente. Cuando estamos juntos, me haces sentir ser la única persona en la tierra que puede disfrutar contemplando tus ojos cuando, por unos instantes, dejas libre y olvidas tu mirada esquiva.

Dices que darías lo que fuera por poder tener a tu abuelo un ratito más a tu lado. Ojalá existiera un John Coffey (el gigantesco afro-americano de “La Milla Verde”) que con ese prodigioso don sobrenatural de sanar a las personas, pudiera curarnos o devolvernos a nuestros seres queridos. Yo daría todo lo que fuera por poder proporcionarte ese ratito a su lado que tanto anhelas. Incluso gastaría mi último deseo del Genio de la lámpara para concederte esa alegría. Haría todo lo que esté en mi mano para hacerte feliz porque lo que es importante para ti, también lo es para mí.

Este sencillo recordatorio en el octavo aniversario de su fenecimiento es mi humilde manera de ennoblecer, con todo mi respeto, la memoria de tu abuelo, y mi particular manera de decirte lo mucho que te quiero con todo mi corazón.

Jose

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