Y te encuentras en este mundo sin haber echado preinscripción alguna, sin haber rellenado la solicitud, sin ni siquiera haber dado tu consentimiento. Ya estás en la vida, en mitad del campo, en un partido de fútbol ya comenzado… Cuando eres niño observas desde el banquillo, pero te haces mayor y salir al terreno de juego es ineludible, tienes que vivir tus propias tempestades, bailar bajo la lluvia y buscar la persona que pueda ser tu refugio en todas tus guerras, el lugar donde poder regresar todas esas veces en las que el agua te haya calado hasta los huesos. Porque no lo dudes, siempre habrá tormentas intentando derribar tu vuelo pero tampoco olvides que los aviones despegan en contra del viento, no con él.
Lo cierto es que has crecido y eres consciente de que, como en casi todo, la teoría sobre el papel es mucho más sencilla. Sin embargo, cuando sales al terreno de juego, cuando debutas, la realidad es muy diferente. Tú quieres salir a ganar porque sabes que en cada victoria hay un trocito de tu felicidad. Pero no es nada fácil. A veces te adelantas tan sólo un milímetro y te pitan fuera de juego. Y vuelves a tener la pelota en posesión para asumir que tú eres el mejor equipo y el mejor partido, tu liga absoluta. La vida en tus manos para entender que ésta se aprende en lugar de vivirse. Y cuanto antes lo entiendas, antes podrás diferenciarte del resto (no porque seas especial) sino porque es la única manera que tienes de gritar y explicar al mundo a qué has venido.
Pero no es sencillo, yo aún no sé muy bien cómo hacerlo y estoy convencida de que a mi edad el gabinete de la incertidumbre está repleto de pacientes sin paciencia como yo. Y aunque siempre preferí incertidumbre y vivir a calma y sobrevivir, también he aprendido que demasiadas tormentas te obligan a anhelar en grade el arcoíris.
Mientras tanto, mientras juego, mientras vivo, sobrevivo o aprendo a que no haga más daño el miedo que el golpe, soy consciente de que encontrar un camino sin obstáculos probablemente no lleva a ningún lugar y por eso a diario me animo a saltarlos todos, a esquivar los miedos, a volverme loca aún sabiéndome cuerda. Fallos del directo, penaltis del partido, goles en propia puerta…
Un camino de curvas sin dirección asistida. Una lucha por mantener mi esencia, aparcar y quitar el contacto con la satisfacción de haber hecho lo que quería: VIVIR LA VIDA BUSCANDO EL LUGAR DONDE MIS SUEÑOS Y LA REALIDAD COINCIDAN.
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