Nuestro refranero español es tan rico como sabio y por eso hoy he decidido dejar mis sentimientos y emociones a un lado para tirar de éste a la vez que intento sacar el máximo partido del tema que ha sido trending topic en los últimos días.
Vamos a ello:
“La mejor “bofetá” es la que no se da”. Es bastante evidente que Will Smith no comparte en absoluto esta afirmación y por eso, como “a buen entendedor pocas palabras bastan”, sin mediar alguna y obviando que “quien tiene boca se equivoca”, ni corto ni perezoso decidió abalanzarse sobre Chris Rock y demostrarle que “donde las dan las toman”. No obstante, me gustaría a mi puntualizar que con todos mis respetos y en mi modesta opinión, la vara de medir del actor sin duda no era la correcta porque, estamos totalmente de acuerdo, la broma era cuanto menos desacertada, de muy mal gusto sí, sin embargo, tal vez deberíamos considerar la posibilidad de que el mal gusto es creativo, es el dominio de la biología sobre la inteligencia. Por eso, y tal vez sólo por eso, lo propio de un actor de la talla, categoría y perspicacia de Will Smith habría sido hacer caso omiso, vamos, aferrarse a eso de que “a palabras necias, oídos sordos”, (más aún teniendo en cuenta el contexto en el que se encontraba). Pero lamentablemente no fue esta su reacción, sino que con una actitud agresiva y totalmente desmesurada propinó un bofetón al presentador con la intención de dejarle claro que “a otro perro con ese hueso” pero a él no y mucho menos a su mujer (como si acaso en esta época fundamentalmente feminista y de morado intenso, la esposa del actor no hubiera podido defenderse ella misma y de paso, defender al resto de mujeres del mundo demostrando que si en ese momento ella necesitaba un héroe, era ella la que en heroína se tendría que haber convertido).
Digo yo que una simple sonrisa del actor habría sido la mejor bofetada, una con guante blanco, la que dejara bien claro que “a los tontos y a los porfiados, la mejor bofetada es dejarlos”. No obstante, en la actualidad nos dedicamos a hablar, dialogar, discutir, debatir, explotar, profundizar, condenar, juzgar, eternizar… ¿qué digo yo?, ningún término es exacto. Más bien nos exacerbamos, sí, eso es, nos exacerbamos hasta la extenuación con el tema de la violencia de género, pero ¿qué pasa con la violencia sin más?,¿qué hay de la violencia física, la verbal, la económica, la cultural, la religiosa, la negligencia, el ciberbullying…? ¿Qué pasa con este tipo de violencia si la mujer no forma parte de ella? Pues debo ser de otra galaxia, pero perdónenme ustedes, para mi es tan reprobable y condenable como la que lamentablemente y muy a mi pesar está tan en boga hoy día. La violencia es el último refugio del incompetente (aunque muchos estén justificando este suceso tan bochornoso). ¿Se imaginan al maestro que se levanta y propina un bofetón a un alumno que le contesta insultando a su madre? ¿Y a un dependiente que da una torta a un cliente porque éste le argumenta que las zapatillas que le vendió a su hija son una mierda? ¿Y a un locutor de radio que en pleno programa en directo propina un puñetazo a un invitado a la tertulia que de forma soez increpa a su hermana por una diferencia de opinión con respecto a un tema cualquiera?
Todas estas personas se retratan a sí mismas, sus actos siempre hablarán más alto y claro que sus palabras por muy grandilocuente que luego sea su discurso. La violencia no puede ni debe ser justificada nunca. Los problemas sólo se resuelven con diálogo porque, reflexionemos un poco, todos los sabemos: es imposible deshacer un nudo sin ni siquiera saber cómo se hizo.
El discurso posterior de Will Smith sólo demostraba que “el que se excusa, se acusa”. Sonaba muy sentimental sí, pero no nos engañemos, se trataba de una demagogia envuelta de sentimentalismo. Un discurso que abanderaba valores tan importantes como la familia y el amor a ésta, al prójimo, a tu mujer, a Dios y a su palabra… Un mensaje cargado de excusas que al final eran la forma más cómoda y sencilla de eludir responsabilidades para intentar justificar su actuación tan mediocre. ¡No puedes argumentar que el amor hacia tu mujer te hace actuar de esa manera!¡El amor no es la hostia!
¡No puedes recurrir a Dios y delegar en él tus responsabilidades! Porque entonces, ¡a Dios rogando y con el mazo dando! Pero al final lo que le pasaba a Will Smith era simplemente que ¡a un clavo ardiendo se agarra el que se está hundiendo! Así que, querido: ¡a lo hecho, pecho! y a disfrutar de tu estatuilla porque: ¡al mal tiempo, buena cara!
No hay más debate, o no debería haberlo. De la misma forma que no tiene sentido que se plantee retirarle el merecidísimo Óscar al actor (porque hay que subrayar que un actor como la copa de un pino, ES), “al pan, pan, y al vino, vino”. Este tema no compete a la academia sino a los tribunales, la primera puede optar por otro tipo de sanciones, pero quitarle el galardón, en mi modesta opinión, carecería de sentido alguno. No obstante, como “a gusto de los cocineros comen los frailes” los espectadores no tendremos opción ni a carta ni a menú.
Y por cierto, no estaría de más que de alguna forma Will Smith se disculpase ante el agredido porque “lo cortés no quita lo valiente”. No es cuestión de “tirar la piedra y esconder la mano” sino que “más vale tarde que nunca”. Sin embargo, probablemente, después de la repercusión mediática muchos pensarán que: ¡a buenas horas, mangas verdes! porque ahora lo que toca es “hacer leña del árbol caído”.
La conclusión es sencilla: “no hay caballo, por bueno que sea, que no tropiece” pero procuremos irnos de la vida dejando huellas, no cicatrices. El mundo es mucho más grande que un puño cerrado o una mano abierta.
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