Pues hoy, justo hoy, a mi que soy de letras me ha dado por pensar en números. Eso sí, operaciones muy simples, tan simples como una suma, pero no cualquier suma, sino la exacta:5+3+1. Y es que hoy día 6 hace exactamente 5 años desde que comenzó nuestra historia. La historia de 5 años, 3 corazones y 1 familia. Entre el bullicio, la multitud, una música espantosa de fondo y el mar enfrente. Ese fue nuestro primer escenario: tanta gente, tantos mundos, tantos siglos, tantas vidas… y coincidir. ¿Quién nos iba a decir a nosotros que aquella mesa primera que compartimos y en la que nos conocimos hoy sería parte del mobiliario de nuestra casa? El caso es que por raro que parezca, así es. Pero no voy a ahondar en esa noche, en ese momento… sino en todos los que hemos vivido y compartido cinco años después. Porque hacerte a ti un regalo de aniversario es súper complicado (bueno, de aniversario o de cualquier otro tipo). Tú, tan sencillo, tan humilde, tan poco materialista… Porque me has enseñado que la abundancia para ti puede ser minimalista y que el amor es el verdadero lujo. No obstante, tú mereces oírlo y yo necesito decírtelo. Así que, voy a hacer de este texto mi pretexto más sincero y particular.
Doy la palabra a mi corazón: los dos sabemos que soy una inconformista. Y no una inconformista cualquiera sino la más inconformista. Y tal vez sea en el plano sentimental donde la vida me ha dejado bien claro que precisamente en el amor jamás hay que conformarse. Y no tiene nada que ver con ese tópico que combina la exigencia con la edad, sino con ser consciente de que una vez que descoses o te descosen el corazón, ya no aceptas remiendos de cualquiera. Por eso, justamente por eso hace tiempo que uno de mis grandes retos es saber con quién ser momento, con quién recuerdo y con quién eterno. ¿Te parece que después de cinco intensísimos años ya estamos más cerca de lo eterno? Estoy convencida de que sí.
Un lustro de risas, de llantos, de victorias, de derrotas, de guerras, de paz, de caos, de cambios, de obstáculos, de logros, de vuelos, de viajes, de maletas…pero juntos en todo momento. Porque no es destino, es trabajo. Os adoro, aun cuando me invaden los miedos. Ahora somos nosotros y ella. Los
3 de la mano. Con vosotros todo lo intento, todo lo enfrento.
Juntos hemos llegado al punto más alto de la cima de la montaña de este sentimiento que se llama amor. Hemos plantado la bandera de “guapitos”. A veces nos hemos balanceado de un lado a otro, a la pata coja, e incluso hemos llegado a perder el equilibrio y por momentos a sentir miedo ante la posible caída. Pero siempre, como el mejor de los funambulistas, nos hemos estabilizado y cogido de la mano para volver a hablarnos con la entonación con la que se habla a los niños, pero con la madurez de los adultos.
Porque has tenido la palabra correcta en el momento exacto. Porque has estado a mi lado, al borde del rompeolas y en mitad del temporal sabiendo que te iba a empapar y te ha dado igual. Porque has bailado conmigo aun teniendo dos pies izquierdos, te has desvelado conmigo aun muriéndote de
sueño. Has entonado canciones de cuna a mis pesadillas, desenredado nudos y nudos de mis miedos, minimizando todos y cada uno de ellos. Me has dado siempre el abrazo a mi medida, ese en el que encuentro mi casa, mi hogar. Porque aun sabiendo que en ocasiones soy un volcán incapaz de controlar mi lava para no incinerar a los demás, jamás me has dejado ardiendo. Y es que siempre te lo digo, gracias por tu fuerza, por esa que me demuestras cuando eres dueño de tus elecciones y eliges quedarte a mi lado, tirar de nosotras y ser el capitán de nuestro barco. Gracias por tu amor incondicional, gracias por admirarme de la manera que yo no hago porque ni siquiera la merezco.
Hoy, después de 5 maravillosos años me planteo envejecer (aunque me duela) pero a tu lado. A menudo me preguntas que ¿por qué a ti cuando podría ser cualquier otra opción que yo quisiese? Pues mi respuesta es clara y sencilla: porque elegirte a ti y rechazar cualquier otra opción, la que sea,
me hace sentir que salgo ganando.
Me hablas de compromiso y me dices que soy una “cagarruflas”. Pues, ¿sabes qué? Que larga vida a las “cagarruflas” valientes que sabían que ganar era no dejar de intentarlo…
Así que Guapito, ¡feliz aniversario! Se acaba el verano, pero yo sé que contigo no habrá invierno.
¿Tienes la maleta preparada? Porque seguimos facturando…
![]()
