Los que me seguís y leéis a menudo soléis decirme que cuando escribo me expongo demasiado, que me muestro sin reservas. Y la verdad es que tal vez tengáis razón, pero es algo que no me importa en absoluto, fundamentalmente porque hace tiempo que descubrí que esa aparente vulnerabilidad que vosotros percibís, para mí es mucho más que eso. Escribir es una de mis pasiones, pero, sobre todo, escribir es mi mejor y más completa terapia, la más íntima y necesaria.

No obstante, hoy no vengo a exponerme, o tal vez sí, no lo sé… Lo que tengo claro es que hoy no escribo para desahogarme, sino que mi verdadera intención es que estas líneas sean la excusa perfecta para que alguien tan importante y especial para mi (además de una de mis más fieles lectoras) forme parte de esta sección de mi blog, la que conecta directamente con la zona más vip de mi corazón y a la que sólo los más privilegiados pertenecen. Y aunque sé que hoy es muy complicado que mis palabras sean buenas intérpretes de mis sentimientos, voy a intentar aferrarme al lema de todos y cada uno de mis escritos: “no soy lo que escribo sino lo que sientes al leerme…”.

Y es que hoy me toca hacerte grande, o, mejor dicho, decirte que eres grande. Tan prudente que parece que no duele. Tan valiente, que parece que no asusta. Tan optimista, que incluso la parte más dura la firma con una sonrisa escondiendo sus temores para aliviar los nuestros, tan fuerte que parece inquebrantable… Y es que: ¡qué valiente te ves temblando de miedo, pero arreglándote para vivirlo! Eres tan admirable que nunca buscas nuevos paisajes, sino mirar con nuevos ojos. Así nos enseñas a ver la vida, a entender que no son los lugares, sino las perspectivas las que transforman nuestra realidad (ojalá fuera capaz de impregnarme tan sólo un poquito de esa positividad, madurez y valor que te caracterizan).

 No obstante, como he dicho antes, hoy vengo a decirte que, aunque ahora mismo nos separa un continente estoy ahí, contigo, quiero que sientas mi energía. Que, aunque hoy no lo sepas, aunque lo dudes, aunque te cueste verlo, estoy convencida que de todo ese pánico que ocultas saldrán flores, van a brotar jardines dentro de tu pecho, porque lamentablemente a veces hacen falta días malos para darnos cuenta de lo bonitos que son el resto.

Recuerda que te quiero más que ayer, que todo va a salir muy bien y que volveremos a bebernos y bailarnos julio y agosto, yo con mi agua y tú con abanico en mano y en la otra algo menos 0,0 😉. Así que, el mundo seguirá girando y tú y yo (o mejor dicho, los cuatro o los seis) rodeándolo a cualquier ritmo que suene, el de cada uno de los concierto de nuestras tardes de verano. Y volveremos a reír a carcajadas en las noches de monólogos, a intercambiar papeles, a reinventar nuestras identidades… En El Cid volveremos a disfrutar de cada concierto hasta que los pies nos pidan tregua, con el mar, las cervezas, los botellines de agua, los chupitos de fireball, y las cenas en cualquier lugar que sea testigo de nuestra felicidad infinita.

Melody, prima de mi alma, tú, con esa fuerza a modo de vendaval vas a empezar las llamas del 2025 (las que de forma muy acertada hacen alusión a tu apellido) sobre las cenizas del 2024. Y es que lo tengo claro, siempre me lo has demostrado: tú no eres de las que llora, sino de las que incendia.

Mientras te preparas para enfrentar este nuevo capítulo, recuerda que detrás de un punto final todo está empezando, se encuentra el preludio de un nuevo y bonito camino después de una batalla ganada.

Y aunque a veces, en momentos de flaqueza, uno podría pensar: ¿y si la tortilla se diera la vuelta porque no tengo agallas? Nunca. Porque si hay algo que no te falta son huevos (como siempre dice mi padre comparándonos a las dos por ese fuerte carácter que compartimos). Pero ¿sabes qué? Siempre me ha enfadado el tono ofensivo de esa analogía, pero a día de hoy si ser como tú implica tener esa misma fuerza y ese mismo coraje, aunque sé que no me hace justicia (pues tú eres de las que arrasas con los pasos que no dan mis inseguridades) entonces me siento realmente orgullosa y privilegiada ante el símil. Porque eres increíble, admirable… Donde yo veo montañas tú sólo una pequeña piedra, donde yo veo abismo tú siempre encuentras el escalón perfecto hacia nuevas alturas. Si alguna vez el mundo se derrumba a tus pies, tú te subes a los escombros encontrando el equilibrio perfecto y el camino hacia delante. Eres de esas que firman donde les da la gana, aunque lean “FIRME AQUÍ”. ¡Eres una mujer de los pies a la cabeza y no sabes cuánto envidio esa forma de ser tuya!

¡Qué inexplicable, estúpida, larga y sinsentido aquella guerra tuya y mía de adolescentes que parecía ser civil y resultó ser absurdamente infantil! ¿Por qué dejaríamos escapar tantos trenes que con tanta frecuencia pasaban por nuestra estación? Pues no lo sabemos, pero el verdadero error, aunque tardío, habría sido que mi madre (tu tía) no interviniera para asegurarse de que subiéramos incluso a destiempo. Pero lo cierto es que aquí estamos, más unidas que nunca, listas para enfrentar lo que venga con la misma determinación, apoyo y cariño mutuo. Espero que ya nuestro vínculo nunca deje de ser el refugio seguro donde siempre podamos volver, sin importar la distancia o el tiempo.

No voy a despedirme sin unas palabras para mi querido primo, no sería justo ni tendría sentido. Alguien tan maravilloso, generoso y entregado como él merece que le diga lo mucho que lo queremos y cómo se ha convertido en esa pieza de puzzle que faltaba en nuestra familia para hacerla infinitamente mejor. Él ha sido testigo de tu valía y valentía, apoyándote y amándote en cada paso, así que, no te creas eso que dice el genio Sanz de que “no existen príncipes que te hagan princesa de un cuento infinito” porque nadie mejor que tú para rebatírselo.

Pues eso prima, que a veces te toca encontrarte con la vida de frente sin haber quedado con ella, pero, al final, cerrarás los ojos, sonreirás y habrás ganado. Y tú y yo nos emborracharemos (y firmo con firma digital donde haga falta ;-).

Yo sé que estás acostumbrada a que te lo diga, decir “te quiero” de vez en cuando es sano, para mi incluso necesario, pero yo contigo he aprendido también que es más saludable demostrarlo. Tener una prima como tú es tener una parte de tu vida a salvo, así que: ¡GRACIAS INFINITAS!

¡Ánimo valiente, SAL A GANAR COMO SIEMPRE PORQUE HAY MUCHO EN TI QUE EL MUNDO NECESITA! TE QUIERO.

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