Han pasado tres años desde aquella primera vez que cedí el bolígrafo a mi corazón para que escribiera sobre ti. No fue una decisión fácil pero sí necesaria (los que me conocen saben que escribir es la mejor forma que tengo de desahogarme, de desnudar mi alma de la mejor manera que puedo y sé). Muchos días, muchas vivencias, una lucha muy complicada… Pero desde aquel entonces, puedo decir llena de orgullo y satisfacción que, pese a tantos momentos de flaqueza, pese a tantas dudas, pese a tantos miedos e incertidumbre, pese a la infinidad de veces que pensé en abandonar el barco, con la ayuda, la fuerza, la insistencia y el apoyo incondicional de tu padre, agarré el timón como pude y así, afortunadamente, conseguí que ambas llegáramos a tierra firme. Nadie (a pesar de los continuos intentos) consiguió ponerte en mi contra. Mamá, tú no eres mala, ¿verdad?, me preguntabas… Pese a lo pequeñita que eres y la triste y cruda realidad que te está tocando vivir (porque no es lógico traerte al mundo en pareja para luego intentar ponerte en contra de ésta y de su entorno (incluso también del de tu propia madre), afanarse en alejarte de la figura de tu padre e intentar a toda costa romper vuestra relación (la relación con un PADRAZO en mayúsculas que te adora, que no deja de pelear por ti y que no pide nada más que lo que le corresponde: FORMAR PARTE DE LA EDUCACIÓN Y CRIANZA DE SU HIJA). Y es que mucho se ensalza y se habla de la importancia de la figura de una madre, pero ¿qué sería de Simba sin Mufasa?
Por eso, mientras escribo estas líneas, no puedo evitar esbozar una sonrisa al pensar en lo que los tres hemos conseguido, en la familia en que nos hemos convertido y en el equipo que tú y yo somos… Individualmente tal vez una gota, pero juntas, de la mano, estoy totalmente convencida de que somos el mejor y más bonito de los océanos. Tú has crecido a mi lado y yo he aprendido al tuyo. Hasta que apareciste tú yo desconocía muchos de mis límites, o, mejor dicho, creí tenerlos, pero en tu crianza me di cuenta de que estaba equivocada. Me has ayudado a descubrir una parte de mi que sin duda me hace mejor persona e intentar siempre ofrecerte mi mejor versión. Aquel temor a salir de mi zona de confort era horrible, pero vivir la vida limitada por el miedo para mi lo es mucho más. Por eso a tu lado y junto a ti decidí experimentar la mayor libertad posible apostando por otra vida, otras formas, otros colores… Opté por asumir un papel que nunca estuvo en mis planes y que jamás anhelé. Y así, aquella incertidumbre que anidaba en mi pecho dio paso a una certeza inquebrantable: la lucha ha merecido la pena. Ahora tú solita lo explicas fácilmente y con total vehemencia: no es mi madre porque no me tuvo en la barriguita pero me trata como una mamá y por eso así la quiero llamar.
Hoy, cuando te miro, tan pequeñita y frágil como bonita e inteligente, llena de vida, de risas, de sueños (algunos tuyos como que se te caiga pronto un diente para que venga el Ratoncito Pérez y otros que yo, con mi mejor intención, intento proyectar en ti) me siento rebosante de orgullo y satisfacción. Sí, nuestra relación se ha transformado en algo maravilloso, en un vínculo que estoy segura de que ya es indestructible pese a cualquier circunstancia o paso de los años. Te has convertido en mi cómplice (también de travesuras), en mi compañera de baile, en la alumna favorita de mis alumnos, en la que más besos al día me da, en la niña con la que comparto absolutamente todo (pintalabios, cereales, tacones, leche de vainilla, dulces y chocolates, auriculares, barra de pole, carpeta de música, partidos de tenis, el tiktok del móvil, helado de galleta…) porque como me dices con risa pícara: ¡somos iguales, pero igual iguales, vamos que si fuéramos cromos estaríamos repes! Sin duda ya eres la niña no sólo de mis ojos, sino de los de toda mi familia (me has desplazado del primer lugar de la abuela Ana y Pepe) y tú me has ayudado a descubrir que no sólo tengo los mejores padres del mundo, sino que también son los mejores abuelos del mismo.
Me encanta que tu risa llene cada espacio de nuestro hogar, del mismo modo que no voy a negar que me encanta cuando te duermes y soy capaz de disfrutar un poquito del silencio (¡qué infravalorado estaba el silencio en mi vida antes de que tú llegaras a ella!). Disfruto cuando me besas y abrazas cada mañana, en los reencuentros y en las despedidas, cuando me preguntas por los días que quedan para volver a vernos…. He visto cómo tus ojos se iluminan con cada cosa que te enseño, cómo aprietas mi mano en busca de seguridad y amor y cada vez que eso ocurre sé que este viaje, pese a tantas tormentas, pero también gracias a ellas, ha contribuido a que nuestras raíces sean aún más fuertes.
Las discrepancias entre tus padres no han hecho más que unirnos, acercarnos a esa otra familia maravillosa que tienes y que te adora y que ha sido un regalo descubrir. Contra todo pronóstico te hemos enseñado que el corazón es muy grande (sobre todo el tuyo) y que cabe mucha gente, tanta como te quiere y así, hemos demostrado que el amor verdadero, el que construimos día a día, supera cualquier adversidad. Y es que tampoco me planteo culpar al viento del desorden que vino a hacer porque fui yo quien abrió la ventana.
Mi promesa, aquella que te hice hace tres años, sigue tan firme como el primer día: estaré siempre a tu lado, de la forma que pueda, en cada paso, en cada caída, en cada triunfo. Seguiré siendo tu cómplice, tu apoyo y tu refugio si así lo quieres y lo necesitas para demostrarte que la puesta de sol es uno de los mejores ejemplos de que, pase lo que pase en la vida, cada día puede tener un final increíble. Juntas, seguiremos avanzando y construyendo tu futuro. Prometo estar pendiente de donde te duela para jamás tocarte ahí: “Besar tu alegría, lamer tus dolores hacerte un refugio de luces y flores”.
Nuestra historia, aquella que empezó con un proyecto y mi corazón en obras ahora se ha convertido en una fábula bonita y sincera y, aunque el futuro es un libro aún por escribir, sé que cada página que añadamos estará llena de momentos preciosos que sólo nosotras entenderemos y, sobre todo, no te quepa duda de que, si algún día me toca salir de tu vida sabré irme cerrando la puerta con muchísimo cariño, lo que no te prometo es saber marcharme entera. Pero volveremos a encontrarnos…porque lo que tú y yo dejaremos pendiente será más fuerte que cualquier destino.
Con todo mi amor, ahora y siempre. TQ MUCHO.
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