
¡Hoy he pensado tanto en vosotros! Todos sabemos eso de que «quien tiene un amigo tiene un tesoro». Sin embargo, yo hace mucho tiempo que soy consciente de mi capital. Porque tenerlos a ellos a mi lado y por partida doble me hace increíblemente rica. No obstante, también sabemos que los amigos han de estar en las buenas y en las malas pero esta maldita enfermedad se opuso radicalmente y no nos dejó opción alguna. ¡Me habría gustado tanto poder acompañaros y abrazaros justo en estos momentos en los que más lo necesitáis! Os deja esa madre generosa, trabajadora y extremada preocupada desde que éramos unos niños por la educación y bienestar de sus hijos, vosotros. Esa mujer entrañable y afable con todos los que tuvimos la suerte de conocerla. La brújula fiel de su esposo…
En momentos en los que soy plenamente consciente de que no hay palabras de consuelo que puedan reconfortaros, mi único afán es recordaros (por si la impotencia, la tristeza y el cansancio se entrometen) que se ha ido sí, y lamentablemente sin previo aviso. Pero se marcha con la satisfacción de haber dirigido el timón del barco de su casa con valentía y fuerza (como una luchadora incansable que era). Con el tremendo orgullo que supone vuestro legado: hijos estudiosos, trabajadores, cariñosos, excepcionales y con un corazón inmenso siempre al servicio de manera altruista y desinteresada de todos los que os queremos. También abandona el navío dejando a vuestro padre roto, desconsolado y desubicado…Dicen que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer y yo doy fe de que a la inversa la ecuación da también el mismo resultado. Es ahora él quién más os necesita. Justo en estos momentos de tremenda flaqueza y debilidad. Por eso, ¡tenéis que ser fuertes y «en pleno invierno, sacar el verano invencible que lleváis dentro». Sin duda eso es lo que ella habría querido. Os toca asumir, aunque duela, que pasa de vivir con vosotros a hacerlo en vosotros. Porque la vida no avisa y es tan injusta que ni siquiera la muerte en estos casos es democrática.
Las despedidas nunca son fáciles pero no poder despedirse es infinitamente más cruel. ¡Ni tan siquiera poder guardar en vuestros ojos su última mirada…!
Porque antes, a la guerra, iban los hombres. Sin embargo, un día (el 11 de Marzo de 2020 concretamente) nos fuimos a la cama a dormir y aún hoy seguimos profundamente inmersos en la misma pesadilla que esa noche ya se colaba en demasiados hogares del mundo… Esa que ahora coloca a nuestros mayores al frente del batallón sin casco ni ningún otro tipo de protección. Ellas y ellos, todos de forma injusta e indiscriminada. Sí, los mismos que ya se alistaron deliberadamente hace mucho tiempo en la que creían sería la verdadera contienda de su vida. Aquella batalla sin tregua para con mucho sacrificio sacar a sus familias adelante. Era otra guerra, claro está. No obstante, no es justo. De aquella ya salieron victoriosos con la educación y el porvenir de sus hijos como acreditación más loable. Victoriosos por despertar admirablemente al lado del mismo compañero/a de vida que escogieron aproximadamente 60 años atrás con un cariño que se mantiene intacto al paso de unas cuantas décadas ya…
Así que, qué duda cabe de que ahora no es momento de hacer oposición (¿o acaso es que esta horrorosa pandemia nos ha vuelto también a todos locos?).Porque no olvidemos que en el cruce de reproches, en mitad de ellos, se nos escapa la vida. Vidas de tantos y tantos hacinados en hospitales improvisados esperando el milagro de los guerreros de la 2a fila, los que sin dudarlo ni titubear un segundo cambiaron sus batas blancas por capas de héroes y heroínas (aunque desgraciadamente sin superpoderes). Lamentablemente no hay milagro. Su admirable trabajo, incesante y desinteresado no es la panacea ni mucho menos. No obstante, nosotros lo valoramos, lo valoramos mucho y por eso cada día vestimos nuestros balcones con banderas incoloras de ideales o tendencias pero rebosantes de aplausos y solidaridad.
Porque llevábamos advirtiéndolo demasiado tiempo: no más recortes en sanidad pues incluso este Titanic también tiene su iceberg.
Si podemos sacar algo positivo de todo esto probablemente sea la esperanza de que cuando esta pesadilla acabe apreciaremos mucho más lo que supone un simple paseo a ninguna parte, bailaremos mejor y más a menudo, nos diremos más lo que nos necesitamos y no dejaremos nunca pendiente una cita con nuestros seres queridos. Nos tocaremos y besaremos más y con más frecuencia y sobre todo, conoceremos el verdadero valor de un abrazo para así, abrazarnos hasta el infinito. En definitiva, nos diremos sin miedo ni contención lo mucho que nos queremos: NI UNA SOLA CARTA URGENTE MÁS QUE LLEGUE TARDE. NI UNA CUANDO YA NO HAYA NADIE.
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