Hoy no sé muy bien con qué finalidad escribo estas líneas, pues lo que realmente me gustaría sería redactar una carta ordinaria con un claro destinatario en mente y tener la certeza de que ésta llegaría a sus manos. No obstante, muy a mi pesar, sé que esto no es posible. ¿Quién soy yo?. En absoluto una persona influyente con contactos que me posibiliten cumplir este deseo, sino una chica normal, un número más dentro de los millones de fieles seguidores del club colchonero. Otra sufridora “india” en la lista.
Pero ojo, sí, lo sé, nos llaman los “eternos sufridores”, sin embargo, yo creo que las satisfacciones que nuestro club nos proporciona las disfrutamos y vivimos de una manera mucho más intensa. De hecho, pese a todas las adversidades y contratiempos, ningún colchonero se plantea cambiar los colores de su escudo ni abandonar a su equipo. Lejos de ello, el oso y el madroño, las siete estrellas, las rayas rojiblancas y el bordeado dorado junto con un entrenador y unos jugadores para los que no tengo palabras, inclinan sin lugar a dudas nuestra balanza.
Bueno, el caso es que aún no sabiendo en qué sección (puesto que a día de hoy este blog personal carece de ese apartado al que yo denominaría “héroes”) ni con qué intención (más allá de la de meramente intentar desahogarme a la vez que calmar mi tristeza y desazón imaginando que el protagonista me lee), necesito expresarme, plasmar mi sentir sobre este rectángulo blanco, éste que no me pone límites aparte de aquellos que yo decida libremente imponerme.
¿Y saben qué haré?. Pues un ejercicio de imaginación. Imaginaré que un cartero mágico con “súper poderes” entrega mi carta a su destinatario: JUAN FRANCISCO TORRES BELÉN. Así que, ahí voy…:

Querido Juanfran:
Mi nombre es Isabel Llamas, seguro que una aficionada más para la que tristemente estos días la vigilia tenía tus ojos y tu imagen abatida.
Me enorgullece tremendamente poder afirmar que formo parte de los millones y millones de seguidores que componen tu club, el ATLÉTICO DE MADRID.
Verás, el motivo de esta carta no es ni más ni menos que intentar expresarte de alguna manera mi sentir al leer esas emotivas palabras que nos dedicaste a nosotros, a tu afición (tras el último partido de Champion disputado la semana pasada). No eran necesarias tus disculpas. De hecho, no entiendo bien: ¿disculpas por…?.
A lo largo de todo el transcurso de esta temporada de liga, no ha habido ni un solo partido en el que no nos hayas hecho disfrutar y vibrar de la forman en que sólo un jugador de tu nivel y categoría puede hacer. Entonces…,¿nos pides disculpas o te damos las gracias?. Pues te adelantas a pedirnos disculpas, dejando claro que eres de esas personas humildes tanto con sus superiores como con quienes te admiramos, lo cual te honra y dice mucho de ti, de tu nobleza.
A mi modo de ver, representas a ese icono atlético, a esa leyenda deportiva (aún en auge y con un futuro prometedor repleto de títulos entre los cuales sin duda, levantaremos el trofeo de la Champion).
Te admiro por tu buen criterio en el campo, tu compromiso con el club y tus cualidades personales, esas que parecen pasar a un segundo plano en el terreno de juego, pero que tú, de forma inconsciente nos muestras partido tras partido y te engrandecen aún más si cabe como persona.
Siempre he dicho que no es la última canción la que ha de sonar y recordarse, por ello, gracias a ti, hemos de sentirnos afortunados de guardar en nuestra retina toda una colección de jugadas magistrales, un enorme despliegue de galopadas por la banda y pases propios exclusivamente de un “pedazo de jugador” como eres tú.
Fallaste un penalti, de acuerdo. Pero yo, desde el sofá de mi casa viéndote no podía errar, ni tampoco el madridista que te juzgaba desde la grada (si es que alguien lo hizo, que lo dudo).
Porque la gente quiere héroes que puedan ser capaces de ponernos a salvo; y la semana pasada tú fuiste uno de esos héroes, uno de nuestros “salvavidas”, aquel que pase al fallo de penalti hizo un partido una vez más extraordinario.
Sé que tenías miedo, que era mucha la responsabilidad que recaía sobre ti, pero por el club, por nosotros, te lanzaste al vacío. Porque todo lo bueno y lo que merece la pena en la vida nace de un salto al vacío, aquél al que tú con tu mejor intención te precipitaste. Una persona a la que adoro siempre me dice que no hay ofensa si la intención es buena, y la tuya sin duda era buenísima.
Por tanto, siguiendo este juego imaginario, te otorgo la medalla a nuestro “HÉROE” particular. Ese héroe al que estoy segura que su valentía le compensará cada uno de los sinsabores dándole todos los reconocimientos que merece.
Ahora bien, fiel a mi identidad, no quiero ser de esas personas que sienten gratitud y no la expresan, pues sería tan absurdo como comprar un regalo y no darlo. Por todo esto: mil millones de gracias.
Permíteme el atrevimiento de despedirme pidiéndote algo: Piensa que “la satisfacción ha de radicar tanto en el esfuerzo como en el logro, pues el esfuerzo total equivale a una victoria completa”. Así que, por favor, alza la cabeza y no dejes de ponernos al límite y emocionarnos en cada partido. Piensa en todos los que te admiramos, valoramos y apoyamos. Con optimismo, en tu línea de trabajo constante y comportamiento ejemplar e intachable, haz tuyas esas palabras del inmejorable “MAESTRO” que afortunadamente tienes y que tantos y tantos anhelan:
“Porque el esfuerzo no es negociable, derrota tras derrota hasta la victoria final…”.
Postdata: GRACIAS A TI SIEMPRE.
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