Queridos Reyes Magos: Así empezaba la carta que yo mandaba a los Reyes Magos de Oriente cuando era una niña. ¿Os acordáis?, ¿recordáis cuántas cosas les pedíamos?, ¿os poníais frente a la televisión al igual que yo para ver los anuncios de todos los juguetes nuevos y anotar los que queríamos?. En aquella época la ilusión residía en creer que todo era gratis justamente porque los Reyes eran Magos y su magia todo lo podía. No obstante, mis padres me enseñaron que mi carta sólo la tendrían en cuenta si las notas en el cole y mi comportamiento eran buenos. Seguramente no sea oportuno hacer un drama si un niño suspende 3 asignaturas en el colegio, pero si no se ha esforzado en absoluto, me parece aún menos oportuno recompensarlo con todo aquello que quiera.

En vísperas de Navidad, con los turrones y polvorones a la vuelta de la esquina, los villancicos sonando de fondo, los espumillones realzando y engalanando los árboles de cada hogar, Papá Noel atareado embalando regalos y poniendo su trineo a punto dispuesto a emprender su larguísimo viaje… , ahora más que nunca, el espíritu navideño nos predispone sin lugar a dudas a mirar todo desde el lado positivo del prisma, a estrechar lazos familiares y a aprovechar esta época del año para solucionar las reconciliaciones pendientes. Este ambiente de positivismo, buenos propósitos y cualquier extra de generosidad se extiende obviamente a “Nuestros majestades los 3 Reyes Magos” que al parecer, encandilados y embelesados ante el ostentoso alumbrado navideño, parecen quedar cegados y ajenos al verdadero sentido de su existencia.

Es por esto que, aprovechando la coyuntura, una alumna de 13 años les escribió una carta que yo voy a intentar plasmar de la mejor manera que pueda.

Queridos Reyes Magos:

En mi carta del año pasado os prometía mejorar mi comportamiento y mi rendimiento académico y la verdad, así ha sido. Este trimestre no voy a suspender 7 asignaturas como el curso anterior, sino solamente 5, lo cual está muy bien teniendo en cuenta que estamos en la 1ª evaluación. Además, en 3 de las materias suspensas tengo un 4 de nota final, lo que significa que no apruebo “por los pelos” y las otras dos las suspendo, una porque el profesor me tiene manía y la otra porque la profesora de inglés se inventó preguntas en el examen de contenidos que no hemos visto en clase.

Por otro lado, solamente me han expulsado una vez del instituto “en teoría” por estar fumando en la puerta. Pero eso no es cierto. Yo sólo estaba sosteniendo el cigarro a mi amiga María mientras sacaba unos libros de la mochila. Yo no fumo. Únicamente una calada de vez en cuando para acercarme al chico que me gusta que también fuma.

Ahora ordeno mi habitación una vez a la semana. Todos los días no, lo admito, pero de eso ya se encarga mi madre, que es muy pesada y maniática (ya que no soporta que yo deje la cama sin hacer), ¡ya veis, para deshacerla cada día!. El tiempo que tarda ella en arreglarla yo lo utilizo para cotillear un poco el Instagram y transmitir videos en “directo” en Facebook mientras pongo “caritas” en las que salgo divina y voy acumulando “likes”.

Pues eso, el que me conoce bien sabe que siempre fui un desastre para las matemáticas pero esta ecuación es demasiado simple: si con 5 asignaturas suspensas y este mal comportamiento mi alumna recibe como regalo de reyes el Iphone 6, un bote de perfume y unas botas último modelo, cuando repita curso y pase un fin de semana fuera de casa sin dar señales de vida, tal vez los Reyes Magos decidan llevarla a Laponia en Navidad para que pueda conocer a Papá Noel y disfrutar de la magia y el encanto de ese lugar.

No sé si estas líneas les harán reflexionar pero cada vez tengo más claro que “los hijos se convierten para los padres, según la educación que reciban, en una recompensa o en un castigo”. Entreguen a sus hijos más tiempo, más paciencia, más abrazos, más sonrisas, más atención, más confianza… No los contenten siempre dándoles el teléfono móvil para jugar y tenerlos entretenidos sin molestar, déjenlos que se aburran para que así aprendan a ser creativos. Los mimos no malcrían a los hijos, lo que malcría es la falta de límites. Y dejen así que los Reyes Bobos vuelvan a ser Magos.

Obviamente, la carta de esta chica está totalmente “fuera de lugar” teniendo en cuenta sus argumentos y lo que deducimos de ella. No obstante, entiendo que tampoco puede escribir una carta similar a la que yo redactaría hoy en día desde mi madurez si los Reyes Magos dispusieran de esa magia maravillosa. Yo ya no pediría juguetes para divertirme, pero sí pediría no perder nunca las ganas de sonreír y disfrutar las cosas buenas que la vida me ha dado.

Tampoco le pediría una casa de muñecas preciosa como la que tuve de pequeña, sino una casa a la que pudiera llamar hogar y en la que fuera tremendamente feliz.

Tampoco pediría el Ken, guapísimo y estupendo, pero sí un compañero de viaje que permanezca a mi lado incluso en las curvas. Uno que me ayude a saltar todos y cada uno de los charcos. Uno que arregle mi columpio viejo, lo pinte de colores, le asegure las cadenas y se las engrase para que yo vuele de nuevo como cuando era niña. Uno que sobretodo, por encima de todas las cosas, me demuestre que el amor y la pasión no son dos amantes que se terminan olvidando, sino que pueden caminar de la mano juntos hasta el infinito. Uno que me mire y piense: “¡maldita sea que suerte tengo!”. Uno que se afane por seguir conquistando mi corazón aún sabiendo que ya le pertenece.

No pediría el monísimo coche descapotable y rosa de la Barbie, sino la ida y la vuelta a salvo en el mío propio.

Pediría muchos menos whatssapps y muchas más visitas inesperadas.

Rogaría que me traigan la habilidad de saber no subir la voz, sino mejorar mi argumento.

Pediría que me ayudaran a gestionar mi orgullo, muy válido a veces, pero en ocasiones, si me lo trago, estoy segura de que no engordaré.

Pediría que todo el mundo pudiera elegir un trabajo que le gustara para no tener que trabajar ni un sólo día de su vida.

Pediría ser capaz de no responder a la parte del pasado que me atormenta si me llama, pues sin duda no tendrá nada nuevo que contarme…

Hoy sin duda les pediría todo aquello que tenía cuando les pedía, aquella infancia que tuve y no supe valorar…

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