Con frecuencia me dicen que deje de hacer castillos en el aire, pero no entienden que yo anhelo habitarlos, por eso los construyo. Sigo queriendo ser un montón de cosas en las que aún no me he convertido. De ahí ese afán mío de edificar, de poder vivir en ellos por un tiempo en caso de que algún día no se sustenten y se desmoronen… Es una lucha continua entre todo aquello a lo que me piden que renuncie y todo lo que yo me he propuesto conseguir. Porque no tengo duda, hace demasiado tiempo que dejé de cumplir años para poder empezar a cumplir sueños. Con frecuencia asustan, pero yo ya estoy dispuesta a vivirlos todos, por eso he empezado a escribirlos.

No voy a autoconvencerme de que he crecido. Esa no puede ser la excusa. Porque si lo hago, probablemente la vida me zarandee tan fuerte que seré consciente de que sólo el miedo me ha hecho abandonar mis sueños.

No me importa lo que me digan, no me molesta que me repitan que el final feliz con perdices sólo está en los cuentos y que yo ya soy demasiado mayor para creer en ellos. Y es que no es así, porque la parte de mi vida que más disfruto se la debo a los sueños que vivo mientras no duermo. Y quiero seguir haciéndolo, no quiero arrepentirme de todo lo que no intenté mientras la vida me pasaba por delante; cuando las canas en mi cabello delaten que realmente pasó, cuando mi piel despierte más ternura que deseo, cuando sea consciente de que ya no me queda una vida por vivir, sino una repleta de recuerdos de lo que viví.

Yo lo tengo claro, quiero todos esos castillos en los que pueda vivir antes de morir. Porque la vida no consiste sólo en respirar, porque necesito construir un presente que valga la pena recordar. Así que, insisto, no quiero conformarme, no quiero jugar siempre con la condicional que esconde el miedo al fracaso. Yo quiero ser lo que quiera ser, no lo que los demás me permitan ser. Y voy a seguir luchando por ser “en potencia”, porque suena bonito, suena fuerte, suena explosivo… Al fin y al cabo, suena. Y yo quiero sonar en vida y hacer eco después.

Pues eso, que no me insistan: me quedo en mi torre. Sólo desde aquí se disfrutan los verdaderos paisajes, se avistan todos los sueños, se vive de verdad la vida…

Debo tener alma de arquitecto y por eso, digo yo que en lugar de miedo, SUEÑOS…

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