Me gusta aquella reflexiĂłn de Bob Marley que decĂ­a: “no vivas para que tu presencia se note, sino para que tu ausencia se sienta”. AsĂ­ pues, si mañana no estoy, si abrieras los ojos y mañana no estuviera, si llegara la noche y faltara ese susurro discreto, esa frase que siempre encontraba su lugar en la calma: “abrĂĄzame para dormir”, entonces tal vez caerĂ­as en la cuenta de que estuve y que peleĂ© mucho hasta el final, aquel en el que tĂș creĂ­as estar ganando, pero yo, en silencio, simplemente me preparaba para marchar


Si al despertar buscaras en la cama ese rincĂłn cĂĄlido que solĂ­a dar calma, y encontraras sĂłlo el frĂ­o de lo ausente, si tus desayunos fueran simplemente desayunos con cafĂ©, sin la tormenta de mis mil historias atropelladas
 entonces tal vez entenderĂ­as que no era el cafĂ© lo que te despertaba, sino la vida que yo en cada palabra, en cada plan y en cada anhelo derramaba…

Si despertaras sin mis infinitos sueños que, aunque repetidos, siempre encontraban una nueva forma de latir, si un dĂ­a descubrieras que los armarios respiran con mĂĄs espacio, que los cajones ya no luchan por cerrarse, si el chocolate deja de ser un imprescindible en la nevera, si el vinagre sobrevive meses y no dĂ­as en tu cocina, si los torneos de tenis pasan desapercibidos y Djokovic deja de ser la estrella de tu casa, si Vanesa MartĂ­n ya no envuelve las paredes con su voz ni sus letras llenan los vacĂ­os de tu hogar, si los bailes se detienen, si las ilusiones no vuelven a encenderse cada dĂ­a
 entonces entenderĂ­as que lo esencial no era lo visible, sino aquello que, con tanto esfuerzo y sacrificio sostuvo lo imposible.

Si un día te encontraras frente a un silencio que no sabe a pausa, sino a ausencia, si al llegar a casa buscaras mis pasos y sólo escucharas el eco de los tuyos
 entonces tal vez entenderías que no es la soledad lo que hiere, sino el miedo y la necesidad de aquello que sabes que ya no vuelve.

Si los planes fueran sólo planes y no pequeños universos de posibilidades, entonces tal vez entenderías que el tiempo no es cuestión de medida, sino de cuånto duele la herida.

Eso sĂ­, si algĂșn dĂ­a no estoy, recuerda que, aunque no lo creas, aunque no tengas ni idea, estuve porque hubo un tiempo en que hiciste magia, hiciste vencedora a alguien que vivĂ­a en guerra, ganaste todas las batallas a su pena.

Si algĂșn dĂ­a no estoy, recuerda que estuve porque un dĂ­a supiste cĂłmo deshacerme los miedos, trayendo paz a mucho del caos que llevaba por dentro.

Si algĂșn dĂ­a no estoy, recuerda que estuve porque hubo un tiempo en el que eras capaz de averiguar dĂłnde dolĂ­an todas y cada una de las heridas que ni siquiera se veĂ­an. Porque sĂłlo a ti te las mostrĂ©, te confiĂ© las infinitas taras de mi alma y tĂș, con hilo de calma, me escuchaste, me aliviaste cada desgarro. Te declarĂ© sastre, porque entre tus manos mi piel rota hallĂł remiendo, porque tus puntadas, precisas y firmes, hicieron de mis ruinas un abrigo nuevo.

Si algĂșn dĂ­a no estoy, recuerda que estuve, porque en tu abrazo hallĂ© el refugio, el bĂĄlsamo que apagaba tempestades, donde el mundo, por un instante, perdĂ­a sus crueldades.

Si algĂșn dĂ­a no estoy, recuerda que estuve, porque tu mirada, tan firme y sincera, era faro en la noche, mi brĂșjula certera.

Y hubo momentos, muchos momentos en los que la vida me colocó a la misma distancia de irme que de quedarme para siempre. Pero hoy tocó partir


Pero si estuve y hoy no estoy, ten claro que es porque me dejaste en medio del océano, así que ahora no tienes derecho a saber qué pasó entre yo y los tiburones.

No obstante, yo siempre lo tuve claro: aunque estuve y ahora no estoy, el corazón tiene memoria, y es por eso y por todo lo que estuve por lo que en mi latir siempre guardaré tu historia: Gracias por los momentos y días que hicieron de mi estancia un capítulo feliz en el libro de mi vida.

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