Ayer, tras la cita que correspondĂa con mi psicĂłloga, esa hora en la que los miedos, las
inseguridades, las preocupaciones y el estrés se convierten en los protagonistas
indiscutibles sin tĂş tener aĂşn las herramientas necesarias para impedirlo (pero oye, en
ello estamos), salĂ a dar un paseo con todos estos pensamientos revoloteando en mi
mente como hojas en un viento otoñal. Y es que he de ser sincera: no confĂo demasiado
en mĂ, en mi capacidad de gestiĂłn emocional…Sin embargo, estoy segura de que
Mamen, con su profesionalidad, empatĂa, paciencia y saber hacer será capaz de darme
un buen empujoncito. Pues eso, que finalizado nuestro tiempo asumĂ que llevo
demasiado luchando batallas que no me corresponden, enfrentando fantasmas que nunca
existieron y perdiendo energĂa en los prĂłximos dĂas, meses y años en detrimento de ser
capaz de vivir y disfrutar lo que el aquĂ y el ahora me ofrecen. Ojo, esto no implica que
no pueda pensar en el pasado o planear, tal y como vengo haciendo desde que tengo uso
de razĂłn con responsabilidad mi futuro, sino simplemente entender que la vida debe ser
comprendida hacia atrás, pero vivida hacia delante. Avanzando por su museo para luego
entender lo que has visto. Y es que, a veces, ¡que digo yo a veces!, siempre me cuesta
asumir que la vida no me está esperando en ninguna parte, no se encuentra en el futuro
como una meta que he de alcanzar, sino que la vida me está sucediendo, que este es mi
momento y tengo que hacer que me pertenezca. Y es asĂ, y si no soy consciente de ello,
mi vida sucederá sin más. Y eso es precisamente lo que nunca he querido. Es más, me
aterra la idea. Yo siempre me esfuerzo para evitar ir por donde el camino me lleve, por
el contrario, prefiero buscar un sendero donde no haya camino para dejar mi propia
huella. Y esta idea me ha hecho reflexionar sobre las diferentes formas que tenemos de
caminar por la vida: de puntillas o dejando huellas. AsĂ que, he decidido levantarme y
pisar con todas mis fuerzas para pelear por la forma en la que me gustarĂa que me
recordaran. Tal vez este ejercicio no sea el más adecuado para mĂ, tal vez sea
contraproducente y solamente sirva para activar de nuevo esa ansiedad anticipatoria
mĂa, pero yo me comprometo a pensar bonito, a predecir mi futuro como si mi
horóscopo fuera el horóscopo de la semana. Asà que, quizás este ejercicio me sirva
como terapia. Allá voy:
Me gustarĂa que se sonrieran al pensarme sonriendo…
Me gustarĂa que los mĂos, a los que extraño a diario, a los que adoro y algunos están
muy lejos no dudaran que a pesar de la distancia yo me habrĂa cruzado el ocĂ©ano a nado,
la ciudad, el paĂs o el mundo entero si cualquiera de ellos me lo hubiera pedido…
Me gustarĂa que supieran que, aunque pareciera demasiado “mimosa”, siempre siempre,
por imposible que parezca, pedĂa muchos menos besos y abrazos de los que
necesitaba…
Me gustarĂa que supieran que, bajo esta apariencia de chica segura y decidida
normalmente habĂa alguien tiritando y rompiĂ©ndose por dentro…
Me gustarĂa que supieran que pocas veces mi calma era real o que simplemente era el
preludio de mi próxima erupción… Que supieran de mi carácter a modo de vendaval
pero que no obviaran mi sensibilidad y lo que conlleva: porque donde hay tanta, allĂ el
martirio es infinito…
Me gustarĂa que me recordaran como una buena persona, una persona fiel y leal. La
mejor amiga de sus amigos, la mejor profesora de sus alumnos, la mejor hija de sus
padres, la mejor “madrastra” de su niña, la mejor compañera de su pareja y la mejor tĂa
de su sobrino… Y créanme, esto no va de amor propio, ni de egocentrismo, sino de
sentir que hiciste las cosas bien…
Me gustarĂa que recordaran mis sueños, que me imaginaran en ese castillo en el que yo
siempre me quise instalar con mi prĂncipe que, obviamente no era azul, sino azul
fluorescente porque yo no me conformarĂa con menos… y por supuesto, con alguien
viniendo a rescatarme (no necesitaba subir mi ego con colores morados que detestaba
para decir que yo misma me rescatarĂa).
Me gustarĂa que me recordaran viviendo una gran vida a pesar de no ser una apasionada
de los tacones grandes…
Me gustarĂa que me recordaran tan sensible como era. A veces demasiado… Incluso no
me importarĂa que me pensaran haciendo pucheros si mi lipstick rosa chicle estaba
intacto…
Me gustarĂa que me recordaran como la valiente que era capaz de levantarse de la mesa
SIEMPRE que el amor no estaba bien servido…
Me gustarĂa que al pensarme les molestara el ruido de las cadenas porque yo siempre
me movĂa para ello…
Me gustarĂa que en mitad de una discusiĂłn recordaran que yo siempre apostaba por las
calles de doble sentido para la comprensión…
Me gustarĂa que de tanto que soñaba me recordaran soñando y, por tanto, aun viva…
Me gustarĂa que me recordaran en guerra, en guerra conmigo misma porque era
imposible encontrar la paz evitando la vida…
Me gustarĂa que me recordaran siguiendo las normas porque asĂ era yo, pero, a pesar de
ello, encontrando la diversión…
Me gustarĂa que me recordaran discutiendo sobre Gran Hermano (porque los asuntos de
la polĂtica eran demasiado serios como para que yo me hiciera cargo de ellos).
Me gustarĂa que al ver el tenis se acordaran de mĂ, de cĂłmo lo disfrutaba y que nadie se
enfadara al recordar que yo era del team Djokovic.
Me gustarĂa que me recordaran tan estricta con mi rutina de deporte diario como con mi
porción de chocolate (porque sin duda esa soy yo)…
Me gustarĂa que cuando disfrutaran de la voz y el talento de Vanesa MartĂn recordaran
que nadie la vibrĂł y disfrutĂł tanto como yo y que a menudo, sĂłlo ella me permitĂa
apagar el mundo al encender su mĂşsica. Porque demasiadas veces necesitĂ© melodĂa en
lugar de ruido…
Me gustarĂa que me recordaran como la bailarina o la periodista frustrada porque,
aunque frustrada, me recordarĂan como a mi me habrĂa hecho feliz.
Bueno, al final, tal vez el subconsciente me traicionĂł y no fui capaz de pensar tan
bonito. Tal vez esta semana no sea la de mi horĂłscopo, pero es que yo no soy perfecta y,
cuando me vaya, tendrán que recordarme tal y como era “perfectamente imperfecta”
pero, al fin y al cabo, esa era yo. Y se preguntarán: ¿Qué pasó entonces? Pasó una
mujer. ¿Y qué pasó? Que era de las que nunca terminan de pasar… ESO ES LO QUE
REALMENTE ME GUSTARĂŤA.
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